Desarrollo del proceso de venta de las reservas de oro de España durante la Guerra Civil y sus consecuencias (2)

Desarrollo del proceso de venta de las reservas de oro de España durante la Guerra Civil y sus consecuencias (2)

Bandera España

Las reservas de oro de España jugaron un papel importante en la financiación de la Guerra Civil Española (1936-39) y todavía existen dudas sobre los detalles exactos de su venta a Rusia y Francia. Germán Vega, nos ofrece a continuación un análisis del contexto histórico y del proceso que siguió el gobierno de la Segunda República para la venta de las reservas de oro españolas durante la guerra civil, y analiza la evolución de las reservas españolas del metal dorado durante la posguerra hasta la actualidad.

El 13 de septiembre de 1936, el Gobierno de la República, Presidido por Manuel Azaña y su Ministro, Juan Negrín, toman la decisión en secreto de trasladar fuera de Madrid las reservas del Banco de España con la excusa de evitar que pudiese caer en manos del enemigo. Más tarde, se demostrará que su destino último estaba pactado.

Con la oposición del Gobernador y de los representantes de los accionistas. No se debe olvidar que el Banco de España, al igual que sus homólogos internacionales, era una sociedad privada y con capital privado. Las reservas de oro no eran propiedad del Gobierno.

Tal era el volumen de oro que fueron necesarias 80 personas durante una semana para realizar los preparativos y empaquetarlo. Estos no pudieron salir del Banco durante este periodo de tiempo, pernoctando incluso en su interior para evitar que se difundiese el secreto.

El 15 de Septiembre, a las 11:30 de la noche, sale de la Estación de Atocha, en el más absoluto secreto, el primer convoy de oro con destino al polvorín de Cartagena. El 1 de octubre, el traslado termina y 10.000 cajas de madera de las utilizadas para munición, contienen el oro español.

Curiosamente el día 16 de septiembre, se inicia en Moscú una operación denominada en clave “Operación X” para gestionar el traslado del oro español a Moscú, donde La X es España. Lo que demuestra el claro interés en trasladarlo a Rusia desde el primer momento y no sacarlo de Madrid para evitar que pudiese caer en manos del enemigo.

Era una contienda civil, el enemigo eran unas personas enfrentadas contra otras, todas ellas, de un mismo pueblo, solo diferenciados por una idea diferente de cómo administrar el país y gobernar a los españoles. El oro no era de un bando o de otro, era en lo que se respaldaba la economía de todos los españoles, no solamente los de una ideología. En esa época, el dinero estaba respaldado en oro y si un país no tenía oro, tampoco tendría economía y sus gentes estarían condenadas a la miseria, ganase quien ganase (tal vez más de uno pensó: lo que menos importa es que el país se destruya, que mueran muchos ciudadanos y los que sobrevivan sean muy pobres, lo importante es que gobernemos nosotros y que prevalezca nuestra ideología frente a cualquier otra. Todo lo que hay en el país es nuestro y está al servicio de nuestra causa. Negociar y entenderse, ¡nunca!, nadie puede obligarnos a entendernos con quien no deseamos). Se dice que la historia demostró que fue una mala decisión. No estoy de acuerdo, no hace falta esperar a la historia, fue simplemente una nefasta decisión desde el momento en que fue concebida.

Convirtió a España, indiferentemente del resultado de la guerra, en un país con escasas posibilidades durante muchas décadas. Si el oro se hubiese quedado en España, lo que sí dice la historia es que no les hubiese ido peor. Eligieron uno de los peores destinos de los posibles y la experiencia ha demostrado siempre (no es nada nuevo) que, cuando el oro sale de un país, nunca vuelve. Los republicanos no perdieron la guerra por falta de dinero, simplemente, no supieron gestionarlo.

Aunque fue una operación secreta, tuvo poco de secreto. El mismo Franco proclama en el Periódico “Heraldo de Aragón” del 15 de octubre de 1936: “su protesta contra la expoliación sin precedentes que realiza el llamado gobierno de Madrid, al disponer libremente de las reservas nacionales de oro”.

Diez días después, el 25 de octubre 1936, 7.500 cajas de las 10.000, son embarcadas con destino a la Unión Soviética en los barcos rusos: Kine, Kurs, Neve y Volgoles, yendo en cada barco un funcionario del Banco de España, que sin saberlo, habían iniciado un viaje sin retorno a España.

El 2 de noviembre llegan a Odesa (Ucrania), 3 de los 4 barcos. El cuarto llegará unos días más tarde debido a una avería en alta mar. Y el cargamento inicia su último y definitivo viaje sin retorno a Moscú, en un tren sin paradas.

El 6 de noviembre en Moscú se inicia el traslado al Depósito de Metales Preciosos de la Unión Soviética.

Si bien los trámites para enviar y poner a buen recaudo el oro, se hicieron con la máxima urgencia posible, una vez puesto “el metal”, tal y como ellos decían en sus documentos, el recuento se hizo con calma, tomó 3 meses hasta que finalmente se firma el acta de recepción.

Rusia reclama los pagos de la deuda acumulada hasta ese momento. El 16 de febrero de 1937, se da la primera orden de venta de oro, pagando la deuda contraída hasta el momento, más el coste del traslado del mismo desde Cartagena a Moscú. Se inicia la fundición de las monedas de oro, cobrando una cantidad exagerada por la misma y causando una gran pérdida, ya que las monedas tenían valor en sí, no solamente el numismático. Resultan después del refinado 460 toneladas de oro fino.

Por cobrar, se cobra la fundición, el refinamiento, los gastos administrativos, la custodia, la guardia, comisiones y cuantos conceptos se les pudieran ocurrir a los camaradas rusos. Todo lo anterior, a un precio unilateralmente decidido por ellos y a posteriori. Esto se extiende durante dos años hasta que,  oficialmente, hay suficientes apuntes contables con cargo al oro español como para justificar su agotamiento.

Los republicanos españoles estaban vendidos a la Unión Soviética

Los rusos venden el armamento a precios muy superiores a los del mercado internacional a los republicanos. En ocasiones un armamento usado, obsoleto, de la Primera Guerra Mundial, sin posibilidad de ninguna negociación por la otra parte. Es cobrada incluso una comisión soviética por gastos de organización. El envío de los pedidos se demora en ocasiones hasta durante meses, con el coste que esto suponía para un ejército desarmado.

Todas las personas que intervienen de alguna manera en la operación del oro español son eliminados de forma sistemática. La intención rusa es que no hubiese testigos que pudiesen contar la realidad de los hechos. Los 4 funcionarios del Banco de España que acompañaron en el transporte al oro, son obligados a permanecer en contra de su voluntad 2 años en Rusia y se accede a su liberación a cambio de que jamás vuelvan a pisar suelo español, siendo reubicados en América y Europa.

En febrero de 1939, debido a los pactos con Hitler, Stalin pierde el interés en el conflicto civil español y con indiferencia, se desentiende de la contienda de los republicanos, afirmando literalmente: “la cuestión ha perdido importancia.”

Ya no quedaba oficialmente oro, contablemente, se había justificado su gasto.

La aportación de hombres con nacionalidad rusa al conflicto español, es mucho más baja de lo que históricamente se piensa, tan solo Rusia desplaza a España 1.955 hombres (cantidad muy alejada de los 40.000 que manejan algunos historiadores). Todo fue facturado, el traslado de estos hombres, su salario en función de su rango y capacitación, el mantenimiento completo de las familias que estos dejaban en Rusia, cargándose al oro español, no sólo gastos como los sanitarios de las familias, fueron cargados hasta las vacaciones de éstas. Si había bajas, se cargaban los funerales y el subsidio que marcaba Rusia para sus viudas. También se facturaba el adiestramiento de los pilotos españoles, de mecánicos, la remodelación de las infraestructuras para adecuarlas a la docencia, las prácticas de vuelo…

Curioso resulta también que Rusia no sólo cobraba cualquier gestión, servicio o envío a los republicanos al precio que unilateralmente consideraba oportuno, sino que aplicó cambios monetarios poco ortodoxos. No conforme con este abuso, sólo entregaba armamento a comunistas republicanos que ella seleccionaba.

Está documentado el envío de otros cargamentos de metales preciosos desde España a Rusia que, aunque en menores cuantías, en conjunto fueron importantes. Estos metales preciosos procedían de incautaciones de la denominada “Caja General de Reparaciones”. No se debe olvidar que aún quedan aproximadamente la mitad de los documentos rusos sin desclasificar y seguro que guardan secretos interesantes. Están documentados numerosos envíos posteriores de oro español a Rusia, como por ejemplo:

Mercante Andutz Mendi, de bandera española, que atraca en Estambul el 14 de febrero de 1937 con un cargamento de cajas de oro con destino a Odesa.

Similar es la historia del Latymer en noviembre de 1938.

O los documentados envíos, vía Praga con destino a Moscú, efectuados por Sigmund Rot (comunista austriaco) de envíos de monedas de oro.

Hay otros muchos casos documentados. Uno que causa una sensibilidad especial es cuando se incautan de los empeños del Montepío de Madrid (joyas, relojes, etc). Estos bienes no procedían de españoles adinerados, eran de los más pobres, que empeñaban lo poco que poseían de valor para conseguir un poquito de dinero para asuntos normalmente vitales y siempre con la esperanza de recuperar ese objeto tan valioso para ellos.

Quedan por aclarar numerosas partidas que, si bien está documentado que salen de España, se les pierden la pista y nunca más se ha sabido de ellas.

No solamente fue oro, hay otra partida importante de incautaciones soviéticas de bienes españoles, como la de 9 barcos valorados en 8 millones de dólares de la época, los cuales nunca fueron devueltos.

Dos mil doscientas cajas de las restantes, fueron enviadas a Francia (Toulouse y Marsella). Las 300 restantes, también tienen su historia, y alguna de ellas fue guardada a buen recaudo. Del dinero enviado a Francia, una parte fue a parar a cuentas privadas en varios países.

Francia, como los demás, también ayuda a los republicanos con armamento a cambio de 150 millones de pesetas. Tampoco fue desinteresada la ayuda mejicana y la argentina. Las tropas republicanas al ir replegándose, guardaban sus incautaciones en el castillo de Figueres y ante la llegada de las tropas nacionales, embarcan gran cantidad de bienes en el barco Vita, con destino a Méjico para ayudar a los exiliados.

Financiación del bando nacionalista

No hemos de olvidar que el poder estaba ostentado por un gobierno legítimo. Cometerían todo tipo de errores y mala gestión, pero de eso, a un alzamiento que culminó con la muerte directa de medio millón de españoles y otros muchos miles por causas de guerra, como enfermedades, malnutrición, etc. Tampoco se ha de olvidar a los exiliados y represaliados al finalizar la contienda, la destrucción de un país y una herida que aún perdura. Nunca (o casi nunca) podrá justificarse una guerra y menos civil. Hay personas cuyo trabajo consiste en administrar lo común y aunque no lo comprendan, han de entenderse siempre y sin excusas con las otras partes, por eso se hacen llamar políticos.

Si no están dispuestos a entenderse y a gestionar en beneficio de la mayoría, guardando los derechos de todos, han de dedicarse a otro oficio, no están capacitados para su trabajo y nunca tienen derecho a ponernos en estas situaciones. Tampoco es justificable que un gobierno gaste las reservas de oro de los españoles para comprar armas y matar españoles. Y qué ironía, hacerse llamar “los nacionalistas”, los que destruyen la nación y matan a la parte de ésta que no piensa como ellos. Nuestro ejército que, para mí es necesario y puedo dar mis razones para que exista, (aunque otros me darán las razones contrarias) está para defender a los españoles, incluso para misiones humanitarias, pero para lo que nunca ha de estar es para matar y reprimir a su propio pueblo. A esto estamos acostumbrados, baste con recordar los grandes partidos africanos, todos conocemos sus hazañas y se llaman cosas tan rimbombantes como: Partido del Pueblo para la Reconstrucción y la Democracia, Frente Patriótico Ruandés, Movimiento de Liberación del Congo.

Alemania ayuda a los nacionalistas con 1.000 millones de marcos e Italia con 17.000 millones de liras, y digo ayuda, porque aunque fueron créditos, se devolvió muy poco (algunos historiadores difieren enormemente de estas cantidades). La Segunda Guerra Mundial y su resultado hizo que los préstamos a España se quedasen en prácticamente nada. Entre el lamentable estado en que quedaron los países del eje, la terrible devaluación de las monedas alemana e italiana al perder la guerra y la ayuda indirecta que necesitaron de España como país no participante en su guerra, lo que podría ser una losa que aplastase a la España de la posguerra, se quedó en una molesta china, pero muy soportable.

Cuando los nacionalistas gestionaban armamento, negociaban precios ventajosos, comparaban, exigían calidad y pagaban a crédito, nada que ver con el otro bando.

Se cuentan anécdotas de cuanto llegaban a exasperar los generales franquistas a los señores de la guerra alemanes e italianos, cómo regateaban los precios y cómo negociaban y negociaban hasta llevar a la extenuación a tan singulares comerciales, para conseguir compras ventajosas.

La ayuda en soldados al bando nacionalista fue aproximadamente de 6.000 soldados alemanes (Legión Condor), unos 40.000 soldados italianos (Corpo di Truppe) y otros 10.000 soldados portugueses (Viriatos). Sobre todo, los alemanes e italianos eran soldados que habían sido enviados para entrenarse en la guerra real. Cuando adquirían experiencia eran sustituidos por otros. Se nos hacía creer que eran cuerpos de voluntarios que venían a defender unas ideas y a un pueblo amigo. Nada más lejos de la realidad. Eran soldados a sueldo, pagados en su país de origen y cargado en los créditos de guerra. Como ejemplo, destacar que Alemania reclamaba a los nacionalistas 99 millones de marcos por los servicios efectuados por la legión Condor. Algunos si vinieron gratis y por ideales, como La Brigada Irlandesa con 700 soldados y el Batallón Francés Jeanne d’Arc con otros 300 soldados. Más dudosa iniciativa tuvieron los muchos marroquíes provenientes del Protectorado español en Marruecos.

El armamento también tenía una clara intención de ser probado en el campo de batalla. Alemania necesitaba iniciar su guerra con soldados experimentados y un armamento que fuese fiable.

El montante más importante de “la ayuda” en préstamos con que financiaron la guerra los nacionalistas fue de unos 700 millones de dólares. Italia aporta unos 450 millones de dólares y Alemania unos 250.

Alemania cobra una parte del dinero prestado con materias primas y minerales españoles. Italia en menor medida. Los productos intercambiados fueron valorados en su justo precio.

Estados Unidos vende petróleo y vehículos a España y Gran Bretaña compra minerales a los nacionalistas. No faltaron los idealistas, como el millonario Juan March que dona a los nacionalistas la nada despreciable suma de 15 millones de libras esterlinas, o Alfonso XIII que hizo lo propio con otros 10 millones de dólares.

Se dice que los dos bandos gastaron en armamento una cantidad similar de dinero. Si bien uno sacrificó el tesoro nacional, el otro tuvo mejor suerte o mejor gestión de sus recursos. Parte lo pagó con productos españoles y la otra parte se quedó en poca cosa, ya que al perder sus proveedores de dinero y armamento en la Segunda Guerra Mundial, sus respectivas monedas se devaluaron considerablemente, haciendo casi desaparecer la deuda.

Una vez finalizada la guerra, España se encuentra con su reserva de oro a cero y destruida en gran medida pero, al no intervenir en la Segunda Guerra Mundial, aprovecha la ocasión para sacarle partido a esta circunstancia. En 1945, al terminar la gran guerra, España contaba nuevamente con oro en el Banco de España, y no poco, tenía 67,4 toneladas. Encontró un pingüe negocio en la venta de wolframio a los países en guerra. Mineral imprescindible en la industria armamentística. Alemania, apenas pagaba en oro, lo hacía con alimentos y productos de primera necesidad, pero Estados Unidos, sí. Estalló una pequeña guerra de precios a favor de España. Estados Unidos compraba cuanto wolframio hubiese y pagaba a cualquier precio el wolframio español para evitar que cayese en manos de Alemania, y España producía cada vez más para abastecer a todos. Harto Estados Unidos de pagar el mineral a un precio desorbitado y no conseguir desabastecer a Alemania, no le queda más remedio que amenazar a Franco con no venderle petróleo. También ayudó a reponer el tesoro el hecho de que, debido al aislamiento internacional que sufría España, no tenía a muchos a quien comprar.

España tenía oro de dudosa procedencia. Se acusa al Estado de tener lingotes procedente del expolio nazi. Aunque el proceso se quedó en nada al utilizar España bancos de países neutrales como Suiza, Portugal y Suecia para comprar el oro. No era directamente de bancos alemanes. De las 26,8 toneladas que le reclamaba a España la Comisión de los Aliados, sólo consiguen probar una mínima parte que procedía del expolio del Banco de Holanda, tan sólo 8 lingotes (101 kilogramos). Si bien no consiguieron legalmente hacer devolver más lingotes a España, esto tuvo un gran coste para el pueblo, ya que durante los tres años que duró el proceso (de 1945 a 1948), todo el oro del banco de España estuvo inmovilizado (son los duros años del racionamiento).

El aislamiento, el embargo del oro, la salida tan reciente de la guerra con una España quemada, la recesión de los años 50 y otros factores, hacen que se necesiten créditos que no podrán pagarse y el oro del tesoro nuevamente se vacía para pagar a los bancos acreedores.

Azarosa es la historia de oro en España. Con un país recuperado y sin ninguna necesidad, nuevamente, un gobierno socialista presidido por José Luís Rodríguez Zapatero y su ministro Pedro Solbes deciden en el año 2007 que “el oro ya no es una inversión rentable” y deciden vender un tercio de las reservas a 650 dólares la onza.

Obviamente no estuvieron acertados ya que, no mucho después, en el 2010 llegó a cotizarse la onza a 1550 dólares. Esta poco acertada decisión, le costó al tesoro unas pérdidas de 2.400 millones de euros. Lo que el gobierno socialista no consideraba rentable, se revalorizó un 140% en tres años.

En estos momentos, el Banco de España solamente cuenta con 282 toneladas de oro. La cantidad es tan baja que hasta Portugal nos supera al contar con 382 toneladas (cabe destacar que Portugal tiene 10 millones de habitantes y España 46 millones.). Los que deberían ser nuestros referentes se mueven en otras cifras: Alemania con 3.391, Italia con 2.458 y Francia con 2.435 toneladas.

Nadie conoce el futuro del oro en nuestro tesoro. La historia sigue escribiéndose, pero hasta el momento, éste viejo país, uno de los más antiguos del mundo, no ha gestionado bien sus reservas en los últimos siglos. Tal vez, el futuro, nos depare unos gobernantes más sensatos.

Un pensamiento en “Desarrollo del proceso de venta de las reservas de oro de España durante la Guerra Civil y sus consecuencias (2)

  1. Pingback: Resultados Dorado Tarde para el día Martes 25 de Febrero de 2014, Sorteo 4074 | resultadosloterias.info

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

* Copy This Password *

* Type Or Paste Password Here *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>